Políticas públicas para la erradicación del trabajo infantil: espacios de cuidado Zamba en la provincia de Misiones, Argentina

Public Policies for the Eradication of Child Labor: Zamba Care Spaces in the Province of Misiones, Argentina

Ezequiel Alejandro
Flores Pérez1

Becario doctoral del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas en el Instituto de Estudios Sociales y Humanos y la Universidad Nacional de Misiones (Conicet-IESyH-UnaM)

Ezequiel.floresryr@gmail.com

https://orcid.org/0009-0000-2851-532X

Argentina

Recibido: 30-abril-2025

Aceptado: 14-agosto-2025

Publicado: 15-enero-2026

Cómo citar este artículo:

Flores Pérez, E. A. (2026). Políticas públicas para la erradicación del trabajo infantil: espacios de cuidado Zamba en la provincia de Misiones, Argentina. Estado & Comunes, 1(22), 143-158. https://doi.org/10.37228/estado_comunes.410

Estado & comunes

Revista de políticas y problemas públicos.

N.° 22, vol. 1, enero-junio 2026, pp. 143-158

Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN)

Quito-Ecuador.

ISSN impreso: 1390-8081 - ISSN electrónico: 2477-9245

https://doi.org/10.37228/estado_comunes.410

Resumen

Este artículo estudia la implementación de los espacios de cuidado Zamba (ECZ), política pública que ofrece cuidado, alimentación y acompañamiento a hijos e hijas de trabajadores tareferos y que busca la erradicación del trabajo infantil en la producción de la yerba mate en la provincia de Misiones, Argentina. Con entrevistas realizadas a informantes clave, se sostiene que esta política no cuenta actualmente con financiamiento estatal y que los trabajadores de los ECZ se encuentran en condiciones de precariedad laboral. Por ende, los ECZ no logran concretar el objetivo para el cual fueron creados. Para transformar el trabajo infantil en la tarefa, el abandono escolar y las pocas oportunidades de vida de niños y niñas, es necesaria una mayor inversión estatal, una política pública sostenida, un cambio de los patrones de informalidad que caracterizan la producción de la yerba mate y la mejora de las condiciones laborales de las personas que trabajan en los ECZ.

Palabras clave: Comandante Andresito, Colonia Wanda, deserción escolar, niñez e infancia, políticas sociales, precarización laboral, tarefa, trabajadores rurales.

Abstract

This article examines the implementation of Zamba Care Spaces (ECZ), a public policy that provides care, food, and support to the sons and daughters of tarefero workers (yerba mate harvesters) and seeks to eradicate child labor in yerba mate production in the province of Misiones, Argentina. Based on interviews with key informants, it is argued that this policy currently lacks state funding and that ECZ workers are in precarious employment conditions. Consequently, the ECZ do not achieve the objective for which they were created. To transform child labor in the “tarefa”, school dropout, and the limited life opportunities of boys and girls, greater state investment, a sustained public policy, changes in the patterns of informality that characterize yerba mate production, and improved working conditions for those who work in the ECZ are necessary.

Keywords: Comandante Andresito, Colonia Wanda, school dropout, childhood and infancy, social policies, job insecurity, “tarefa”, rural workers.

  1. Introducción

La provincia de Misiones es la principal productora de yerba mate en Argentina: concentró hasta 2022 el 87 % de las hectáreas sembradas en el país, mientras que el 13 % se localizó en la provincia de Corrientes (Ministerio del Interior, 2023). El 86 % de la producción nacional se destina al mercado interno y el 14 % a la exportación, principalmente a los países del Mercosur, pero también a Siria y Chile (Ministerio del Interior, 2023). De acuerdo con los datos del Censo Nacional Agropecuario de 2018 (Instituto Nacional de Estadística y Censos [Indec], 2021), el 56 % de las explotaciones agropecuarias de Misiones se dedican a este cultivo y representan el 18 % de la exportación provincial (Misiones Gobierno, 2024). Entonces, no se trata de un producto agrícola cualquiera: la yerba mate es un eje estructurante de la economía y la sociedad de Misiones.

Las condiciones de trabajo alrededor de la actividad están determinadas por su desregulación en la década de 1990 que aumentó la precarización laboral mediante prestadores de servicios también denominados ‘contratistas’ (Rau, 2012; Ibarguren, 2017). La cosecha demanda año tras año la mano de obra de 15 000 a 20 000 tareferos —como se les denomina popularmente— entre los meses de abril y septiembre. Se les contrata mediante dos mecanismos: en el empleo por jornada, los tareferos son recogidos entre las 4:30 y 5:00 a.m. en un punto de encuentro y retornan al atardecer del mismo día a sus casas. En cambio, cuando son contratados por quincena, los obreros rurales deben alojarse temporalmente cerca del yerbal (Haugg, 2016). En ocasiones, los patrones les proveen de casillas de madera para pernoctar; sin embargo, suele ocurrir que los tareferos acampen a la intemperie bajo carpas improvisadas de nylon, sin agua potable, sanitarios o luz eléctrica, duermen sobre colchones, tablas o directamente sobre la tierra (Economis, 2023). Hay casos donde el agua proviene de una vertiente que no sería apta para el consumo humano.

Se trata de una de las producciones rurales con mayor incidencia del trabajo infantil,2 con niños que se internan en los yerbales por varios meses y que trabajan como mínimo 8 horas al día realizando la ‘macheteada’ de la yerba mate (Economis, 2023). Esto tiene, entre otras consecuencias, aparte de la deserción escolar, accidentes por manipulación de elementos cortantes, caídas de los camiones que transportan la yerba cosechada, inasistencia y deserción escolar (Estudios y Proyectos ‘Asociación Civil’, Ministerio de Desarrollo Social, la Mujer y la Juventud de la Provincia de Misiones y Unicef, 2012). También hay accidentes fatales que han tenido como víctimas a niños, niñas y bebés (Primera Edición, 2013a, 2013b).

Diversos trabajos académicos han explorado el trabajo infantil en la tarefa.3 Destaca el examen de las particularidades locales mediante un análisis de caso en el Departamento de Oberá (Roffredo, 2010); el estudio en perspectiva histórica e identificación de la cuestión como un modelo de acumulación por desposesión (Gómez, 2020); análisis antropológicos que señalan al trabajo infantil como elemento constitutivo de una identidad particular y estudian sus formas de naturalización (Roa, 2014 y 2017; Re, 2015 y 2017); impacto en la educación formal y la salud de jóvenes tareferos y tarefas (Re y Nessi, 2017; Re y Casteluche, 2024); y la relación entre la división sexual del trabajo y las tareas de ‘cuidado infantil’ (Haugg, 2022). Por ende, no se ha abordado aún y en profundidad la implementación de políticas públicas destinadas a erradicar el trabajo infantil en la tarefa, por lo que existe un vacío en producciones científicas al respecto.

Este artículo ofrece una primera respuesta a ese vacío del conocimiento al estudiar la implementación de los espacios de cuidado Zamba (ECZ) en dos localidades situadas en Misiones: la de Comandante Andresito y Colonia Wanda (en adelante, Andresito y Wanda). Se trata de una política pública que ofrece cuidado, alimentación y acompañamiento a hijos e hijas de trabajadores tareferos y evitar así que acompañen a su madre, padre o hermanos mayores a cosechar yerba mate. Interesa su estudio porque forma parte de una acción conjunta entre el Estado y el Sindicato Único de Obreros Rurales (SUOR)4.

Para este trabajo se llevaron adelante entrevistas dialógicas de forma individual a informantes clave seleccionados por su vinculación directa con los ECZ. Se identificó a los entrevistados mediante la técnica de bola de nieve: el autor tomó contacto con Ana Cubilla (secretaria general del SUOR), quien, a su vez, recomendó y referenció a otros posibles participantes que aceptaron ser parte de este proceso, previa indicación de los objetivos de la investigación: se entrevistó de manera presencial a los trabajadores del ECZ de Andresito y, por vía telefónica, a la coordinadora del ECZ de Wanda, Mirta Berent. Se cuenta con autorización para publicar sus nombres. No se incluyeron en este artículo entrevistas a padres, madres o tutores, debido a que esta tarea aún no ha sido completada al momento, por lo que los hallazgos serán considerados en una próxima publicación. No se brinda información personal, como tampoco técnica, de los niños y las niñas que asisten a los ECZ.

Las preguntas de las entrevistas giraron alrededor del funcionamiento de los ECZ, su dinámica cotidiana y los condicionantes en la gestión de estos espacios. También se incluyen algunos datos de las trayectorias de vida de las trabajadoras y trabajadores del ECZ de Andresito, quienes estuvieron vinculados en su niñez con la tarefa; por ende, sirven para ilustrar los problemas asociados al trabajo infantil y el sentido que le atribuyen a los ECZ. Complementa este trabajo el estudio de fuentes secundarias, especialmente libros y artículos indexados sobre el tema, informes de entidades públicas y fuentes hemerográficas.

El artículo se estructura en cuatro apartados. Se inicia con el marco jurídico y legal sobre el trabajo infantil en Argentina. Prosigue una caracterización de la problemática en los municipios donde se construyeron los ECZ explicando también las características generales de vida de su población y las particularidades de cada localidad. En la tercera parte, con base en las entrevistas recogidas, se analiza la tarea y las dificultades de los ECZ. Por último, constan las conclusiones en las cuales se realiza un balance provisorio acerca de esta política pública.

  1. Marco legal y jurídico sobre el trabajo infantil en Argentina

La política pública que aborda el trabajo infantil en Argentina se encuentra atravesada por discusiones teóricas en torno a dos posiciones contrapuestas: la regulacionista y la abolicionista (Alarcón, 1996, 2000; Rausky, 2009). El enfoque regulacionista destaca que el trabajo infantil es una consecuencia directa de la acumulación del capital y de las formas históricas de regulación social del trabajo en las que el trabajo inserta tempranamente al niño en la lógica productiva y aporta ingresos al hogar cuando este resulta insuficiente para cubrir la subsistencia. Desde esta perspectiva, se considera que el trabajo de niños no es en sí mismo negativo, sino que debe observarse en función de sus características y desempeño (Nieuwenhuys, 1996; Leyra, 2009).

Como señalan Novick y Campos (2007), el regulacionismo reconoce que todo niño o niña puede aportar ingresos a la economía familiar; por ende, se opone a su abolición porque considera que se trata del ‘ajuste social’ frente al desbalance propio del capitalismo. Negarles a los niños la posibilidad de trabajar implica privar a la familia de su estrategia de supervivencia y llevaría a los infantes a desempeñar tareas en ocupaciones más precarizadas.

En otro extremo se encuentra el enfoque abolicionista sobre el trabajo infantil, que sostiene que este resulta nocivo para concretar los derechos fundamentales y el desarrollo integral de los niños. Algunos de sus efectos negativos son: trayectorias escolares discontinuas y deserción escolar, exposición a riesgos laborales, enfermedades por sobreesfuerzo, pérdida de la infancia como etapa de aprendizaje y recreación, pobreza y exclusión intergeneracional. La OIT y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) se sitúan en esta perspectiva y son los principales organismos mundiales que, mediante tratados, acuerdos y normas internacionales, han establecido los parámetros de actuación ratificados por Argentina.

Con la Ley 23.849/1990, Argentina aprobó y ratificó —aunque con reparos y reservas respecto de considerar que los niños pobres, abandonados o infractores fuesen sujetos de derechos, puesto que eran objeto de tutela y control— la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU, que estableció su derecho a “estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social” (artículo 32). La Convención también comprometió a los Estados parte a tomar medidas necesarias (legislativas, administrativas, sociales y educativas) para garantizar el compromiso asumido. Esto incluía, entre otras cuestiones, fijar la edad mínima para el trabajo, reglamentar los honorarios y las condiciones laborales, y establecer penas o sanciones para quienes atenten contra esto.

A partir de entonces, el país comenzó a modificar el marco normativo que regulaba el trabajo de los menores de edad. En los años 2000 fue creada la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil, que articula acciones con las Comisiones Provinciales de Erradicación del Trabajo Infantil (Copreti). En Misiones fue creada una Copreti mediante Decreto Provincial N.° 1402/02, mientras que en la actualidad hay 41 comisiones municipales de este tipo (El Territorio, 2025). En este camino, en 2005 fue aprobada la Ley 26.061 ‘Protección integral de los derechos de niñas, niños y adolescentes’, que garantiza su condición de sujeto de derecho y establece el derecho “a no ser sometidos a ninguna forma de explotación económica” (artículo 9). En 2008 fue sancionada la Ley 26.390/2008 ‘Prohibición del trabajo infantil y protección del trabajo adolescente’ que elevó la edad mínima de admisión al empleo formal de 14 a 15 años y, a partir de 2010, a 16 años.

La legislación que regula el trabajo agrario también se adaptó e incluyó la protección del niño y la erradicación del trabajo infantil. En 2011 se sancionó la Ley 26.727 “Régimen de trabajo agrario”, que prohibió el trabajo de menores de 16 años de edad en el agro y reglamentó el trabajo adolescente mediante la figura del “adolescente trabajador” —entre los 16 y 17 años de edad—. También estableció la creación —a cargo del empleador— de espacios de contención para los hijos de trabajadores agrarios de acuerdo con las particularidades de cada producción.

Las leyes creadas no fueron solamente de contención, sino también punitivas a quienes explotan y usufructúan del trabajo infantil. En 2013 fue sancionada la Ley 26.847, que incorporó el artículo 148 bis al Código Penal y estableció la pena de 1 a 4 años de prisión a la persona que se aproveche económicamente del trabajo de un niño o niña en los marcos en los que el trabajo infantil se encuentra prohibido. Quedan excluidos de la sanción el padre, madre, tutor o guardador del niño o niña que incida en esta práctica y se exceptúan las tareas que tengan fines pedagógicos o de capacitación.

A pesar del avance normativo que implicó el incremento de la edad mínima de admisión al empleo, de la creación de instituciones y programas para erradicar el trabajo infantil, tanto en general como en el ámbito rural, las condiciones que propiciaron el trabajo infantil se profundizaron (Varela, 2019). Según datos de la Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes 2016-2017 (Indec, 2018), en Argentina 763 544 niñas y niños entre 5 y 15 años realizan al menos una actividad productiva; esto representa el 10 % de la población infantil de todo el país.

  1. Trabajo infantil en Misiones: casos de Comandante
    Andresito y Colonia Wanda

La Encuesta de Actividades de Niños, Niñas y Adolescentes 2016-2017 (Indec, 2018) reveló que en la región del Noreste (conformada por las provincias de Formosa, Chaco, Corrientes y Misiones) se contabilizaron 840 854 niños y niñas de entre 5 a 15 años de edad, de los cuales 109 951, es decir, el 13,1 % realizan al menos una actividad productiva. Tal porcentaje se encuentra por encima de la media nacional del 10,0 %. De esta cifra, 49 006 niños y niñas de la región (5,8 %) realizan alguna actividad entendida como trabajo infantil orientado al mercado, siendo este el porcentaje más alto a nivel de regiones y del total nacional.

Mediante el Modelo de Identificación del Riesgo de Trabajo Infantil (Mirti) elaborado por la Cepal y la OIT en 2018, Miño et al., (2022) argumentaron que esta problemática en Misiones es compleja y multidimensional, y obedece a factores de contexto (institucionales, económicos, políticas públicas) y de índole familiar e individual (en la que la composición del hogar, la condición ocupacional de los padres, el género, la pertenencia étnica y otros, son algunos factores). Este problema es reconocido por las instituciones del Estado y organizaciones no gubernamentales “como una cuestión propia de sectores informales de la economía, principalmente de zonas de producción primaria como la yerba mate, el té o las plantaciones de tabaco” (p. 75).

  1. Comandante Andresito

Según el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTEySS) y la Comisión Nacional para la Erradicación del Trabajo Infantil (Conaeti) (2020), la provincia de Misiones registra un 8 % de riesgo de trabajo infantil y adolescente, indicador que supera la media nacional del 6,5 %. Cuatro departamentos de la provincia (San Pedro, Guaraní, 25 de Mayo y General Manuel Belgrano), de los diecisiete, reportan entre 9,7 y 11 % de riesgo, porcentaje considerado alto. Estos departamentos tienen en común un alto porcentaje de población rural, alta proporción de niños, niñas y adolescentes que no asisten a establecimientos escolares y de población con carencias críticas, alto porcentaje de jefes de hogar asalariados no registrados y baja proporción de menores cobijados por la Asignación Universal por Hijo (MTEySS y Conaeti, 2020).

General Manuel Belgrano se sitúa en el extremo noreste de la provincia, en frontera con Brasil. Posee una superficie de 298 139 hectáreas, de las cuales 19 612 se encuentran cultivadas con yerba mate, lo que equivale al 6,5 % de la superficie, siendo el tercer departamento con mayor superficie implantada con este cultivo a nivel provincial (Instituto Nacional de la Yerba Mate, s. f.). Posee 45 570 habitantes, con 14 524 hogares, de los cuales un 10 % registra necesidades básicas insatisfechas (Rodríguez y De Grande, 2024).

Andresito es uno de los municipios del departamento: concentra el 89 % de la superficie cultivada con yerba mate y el 43 % de la población departamental, con 19 770 habitantes (Misiones Gobierno, 2023). De acuerdo con datos del Ministerio de Trabajo y Empleo (2022), de las 12 616 personas tareferas de la provincia en 2021, “la mayor cantidad de tareferos se encuentran en Andresito (1560 personas), representando el 12,4 % de la población relevada” (Ministerio de Trabajo y Empleo, 2022). Las actividades comprenden el corte, quiebra, tareas de poda y otras, de la yerba mate, en la que la participación masculina es mayor, del 87 % frente al 10 % de mujeres.

El ECZ de Andresito se sitúa en el barrio 20 de Junio y cobija a los asentamientos periurbanos irregulares de Villa Nueva, Primavera y 20 de Junio, que en la década de 2010 se conformaron luego de la ocupación de terrenos privados en desuso. De acuerdo con los datos consultados en 2023 del Registro Nacional de Barrios Populares (Ministerio de Economía de la Nación y Observatorio de Barrios Populares, s. f.), allí viven 1056 familias en condiciones precarias: sin títulos de propiedad o boleto de compraventa, con conexiones irregulares a las redes eléctricas y de agua, sin sistema de cloacas y uso de leña y carbón como principal método para cocinar o calefaccionar. Poco después de que el ECZ abriera sus puertas, se construyó junto a él un Centro de Atención Primaria de la Salud (CAPS) que facilita también el acceso a la salud pública a los niños que asisten al espacio de cuidado. Frente a él también se encuentra un playón deportivo y, cruzando la calle, consta un yerbal de varias hectáreas de extensión.

  1. Colonia Wanda

El Departamento Iguazú —fronterizo con Paraguay y Brasil— posee una superficie de 269 697 hectáreas, de las cuales 7444 hectáreas, es decir, 2,7 %, son cultivadas con yerba mate. Es el 11.avo departamento de la provincia de Misiones con mayor superficie implantada de yerba mate, donde Wanda concentra 2254 hectáreas del cultivo (Instituto Nacional de la Yerba Mate, s. f.). Iguazú cuenta con una población de 99 838 personas distribuidas en 32 205 hogares, de las cuales el 11 % presenta necesidades básicas insatisfechas. Wanda, por su parte, cuenta con 17 891 habitantes (Misiones Gobierno, 2023) y presenta un riesgo de trabajo infantil menor al de Andresito —entre 6,6 y 8,2 %— (MTEySS y Conaeti, 2020). Entre las principales actividades económicas del municipio destacan las producciones forestales y de yerba mate y la minería de piedras semipreciosas.

El ECZ de Wanda se sitúa en el barrio San Miguel, que linda con un sector del barrio Piedras Preciosas y Kalisten. En los tres barrios viven 325 familias; al igual que en Andresito, se trata de barrios periurbanos con condiciones habitacionales precarias (Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, 2023). Debido a la escasa cantidad de superficie implantada con yerba en la localidad, es común que los tareferos sean empleados por temporada en localidades cercanas como San Pedro o Andresito (Mirta Berent, entrevista personal, 26 de septiembre de 2024). Por tanto, el trabajo infantil ocurre alrededor de la cosecha de yerba mate y la venta de artículos hechos con piedras semipreciosas. Por tal motivo, el ECZ de Wanda también recibe a niños y niñas cuyas familias y padres trabajan en la manufactura y venta de artículos con piedras preciosas.

Respecto a esta manufactura, hay dos tipos de emprendimientos económicos: formales e informales. Este último involucra alrededor de 128 personas y emplea hasta un 67 % de mano de obra infantil (Mastrangelo, 2006). Desde hace veinte años, aproximadamente, se registran casos de niños y niñas que venden artesanías hechas con piedras preciosas a un costado de la Ruta Nacional 12 (Mirta Berent, entrevista personal, 26 de septiembre de 2024), que une a la provincia con Entre Ríos y Corrientes y de allí con Buenos Aires. También hay casos de niños de Wanda que ofrecen artesanías de piedras preciosas en otras localidades, como la ciudad de Puerto Iguazú (La Voz de Cataratas, 2025).

Frente a estas condiciones, en ningún municipio de la provincia se cumple lo establecido por la Ley 26.727 ‘Trabajo Agrario’ de 2011, artículo 64, que establece que cada empleador debe habilitar los espacios de cuidado y contención para que los hijos e hijas a cargo de los trabajadores agrarios puedan ser atendidos mientras dure la jornada laboral, con “personal calificado y/o con experiencia en el cuidado de la infancia”. Frente al incumplimiento de la ley, los ECZ constituyen una oportunidad histórica que ofrece a los menores cuidado y protección mientras los padres y madres se dedican a la tarefa.

  1. Los ECZ ‘desde adentro’

En mayo de 2022 se inauguró el primer ECZ de la provincia en el barrio 20 de Junio de Andresito, en cuya concreción fue crucial el trabajo de Ana Cubilla, quien elaboró el proyecto junto a un técnico de la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf). Un año después, se inauguró otro ECZ, esta vez en Wanda. El ECZ de Andresito recibe diariamente entre 45 y 50 niños y niñas (Ana Cubilla, comunicación personal, 4 de agosto de 2022) y el de Wanda alrededor de 35 (Mirta Berent, entrevista personal, 26 de septiembre de 2024). Ambos espacios reciben niños y adolescentes de entre 5 y 16 años y les ofrecen desayuno, almuerzo y merienda gratuitos, actividades de recreación y apoyo escolar.

Los ECZ funcionan en el horario de 4:30 a 18:30, aproximadamente, de lunes a viernes, tanto en el período de zafra como en los meses en los que no hay cosecha. Si bien no cuentan con transporte escolar, los trabajadores del ECZ reciben y acompañan a los niños a pie hasta la escuela cercana y luego los retiran para que almuercen y merienden antes de que sean retirados por sus tutores. Este es el relato de Hugo, trabajador del ECZ de Andresito:

Los padres nos entregan a los chicos en el portón [del espacio de cuidado]. Yo llevo a los del jardincito y la primaria, le acompaño hasta allá [la escuela], le hago ingresar y vengo de vuelta. Al mediodía le voy a buscar. […] los traigo, ellos vienen a almorzar, yo almuerzo y llevo al turno tarde. Y a la tardecita el mismo trayecto. Llegan acá, meriendan y recién después los padres los pasan a buscar. (Hugo, comunicación personal, 5 de agosto de 2022)

La creación del ECZ de Andresito involucró a distintas instituciones públicas y privadas. Ana Cubilla (comunicación personal, 4 de agosto de 2022) informó que el terreno para el edificio fue donado por un productor yerbatero de la localidad y la construcción se concretó con fondos provenientes del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación a través de la Senaf. Por su parte, la cocina fue equipada con donaciones de la Asociación Civil de Productores Yerbateros del Norte y trabajadoras particulares, mientras que el espacio fue acondicionado con donaciones del Instituto Nacional de la Yerba Mate. Además, explicó que el ECZ surgió como una propuesta sindical que buscaba garantizar la continuidad escolar a niños y niñas y los derechos para la mujer tarefera:

[…] vamos por lo menos a dar un derecho que es el cuidado de los chicos, que vayan a la escuela porque es demasiado alto el porcentaje de analfabetismo y si nuestros niños no están educados no pueden saber sus derechos […] lo que hacemos del jardín de cosecha es un derecho de la trabajadora. Hay muchas mujeres, cabeza de familia. (Ana Cubilla, comunicación personal, 4 de agosto de 2022)

La edad de inicio en la cosecha es prematura y repercute de forma negativa en la escolarización. Así lo revelan los datos del Primer Censo Provincial de Tareferos de Misiones, cuya muestra, realizada en el municipio de Jardín América, permite ver la magnitud del trabajo infantil de toda la provincia. De 1131 tareferos, cerca del 10 % tenía entre 11 y 17 años, mientras que, el 82 % no tenía la primaria completa y solo un 11 % la había completado (Alemany, 2017). Si bien no hay datos censales para Andresito, el testimonio de Cintia (comunicación personal, 5 de agosto de 2022) resulta esclarecedor porque muestra que las posibilidades de estudio se acortan a medida que los niños crecen y, una vez adultos, resulta casi imposible retomar los estudios:

[De] mis hermanos, ninguno terminó la escuela. El más chico no terminó ni en la primaria porque como mi papá se iba a tarefear solo, él se iba con 12-13 años a tarefear […] yo cuando decidí juntarme5 dejé el secundario, iba a 2.do año […] para [estudiar en] la nocturna, el horario de laburo te complica […] te levantas a las 4 de la mañana y te vas a las 18:30, tenés que llegar, bañarte y estudiar. Yo quise estudiar a la noche, pero no terminé por esa razón.

Entonces, el trabajo infantil, que también es intergeneracional, condiciona el abandono escolar y los proyectos de vida bajo un ciclo de desigualdad. Con estas experiencias de vida, no es extraño que los ECZ sean percibidos por sus trabajadores como un espacio seguro y un mecanismo de transformación para que los hijos de trabajadores tareferos tengan una infancia libre de trabajo en el yerbal, distinta a la que ellos tuvieron en décadas atrás.

[con] este espacio, vienen sus hijos, quedan al cuidado de padres y madres, de compañeros y compañeras y ellos se van a ganar tanto el esposo como la esposa […] van a ganar el pan y van tranquilos. No como yo pasé en el pasado que íbamos a tarefear con mi mujer y llevábamos nuestros hijos junto. Estábamos pendiente de trabajar y de cuidar a nuestro hijo en el yerbal, muchas veces nuestro hijo, mal cuidado, mal alimentado y estando con nosotros dentro del yerbal. (Hugo, comunicación personal, 5 de agosto de 2022)

La alta responsabilidad de los trabajadores de los ECZ de brindar alimentación, acompañamiento educativo, cuidado infantil y seguridad a los menores de edad contrasta con la informalidad del oficio y sus condiciones laborales. Pese a cumplir con turnos rotativos de 6 horas, no cuentan con derechos laborales plenos ni con ‘registración’ laboral6, por lo que acceden a este empleo mediante programas sociales como “Volver al trabajo”7, en el que, siendo ‘beneficiarios’, prestan un servicio a cambio de una asignación dineraria mensual fija no remunerativa de 78 000 pesos. Vale indicar que este programa brinda ‘oportunidad’ para la inserción laboral de personas desocupadas o en situación de vulnerabilidad.

No obstante, hay una precarización de sus derechos. Según los testimonios, el funcionamiento de los ECZ depende en buena parte del esfuerzo sostenido de los trabajadores y revela el carácter informal del trabajo de cuidado, donde no hay contratación directa ni reconocimiento de derechos laborales.

En el momento de hacer la obra, fue construido por mayoría de mujeres que son las que trabajan todavía en el espacio. […] seguimos con 14 compañeros. Dentro de eso: la señora que limpia, la que prepara el desayuno, el señor que hace mantenimiento afuera en el patio, el que cuida la huerta, dos serenos. (Mirta Berent, comunicación personal, 26 de septiembre de 2024)

El proyecto de los ECZ previó la contratación de dos maestras (una para nivel inicial y otra para primaria) y una enfermera a cargo de una sala de primeros auxilios (El Territorio, 2022). Sin embargo, junto a la precariedad laboral del personal, se sumó la falta de profesionales que garanticen derechos básicos de atención educativa y salud infantil de los menores. Es decir, existe un desbalance entre la planificación y la ejecución efectiva del proyecto de ECZ. Entonces, la falta de personal calificado no solo limita la atención hacia la niñez, sino que obliga a las trabajadoras del ECZ —en su mayoría tareferas y extareferas— a asumir funciones de autogestión en las que no poseen formación ni capacitación.

[…] tampoco tenemos el personal capacitado para trabajar y atender ese bebé porque las compañeras que están trabajando en el espacio de cuidado son tareferas, les dificulta el salario, les dificulta la capacidad. Entonces para nosotros es más fácil trabajar con los más grandecitos para ir apaleando la situación. […] tenemos que arreglarnos cómo podemos, como nos enseñó la vida. (Hugo, comunicación personal, 5 de agosto de 2022)

Con el cambio de gobierno nacional a finales de 2023, la situación de los ECZ se volvió mucho más compleja debido al desfinanciamiento del Estado nacional hacia a las políticas sociales (ATE Federal, 2025) y la crisis de sostenibilidad de las políticas de niñez y adolescencia (Ana Cubilla, comunicación personal, 12 de abril de 2024). En la actualidad, el principal desafío consiste en garantizar el funcionamiento de los ECZ. Frente a esta coyuntura se han explorado estrategias de supervivencia, tales como gestionar recursos del Estado municipal, recurrir a benefactores privados, incluso se evaluó cobrar una cuota mensual ‘solidaria’ a las familias beneficiarias del ECZ, medida que contradice los principios del proyecto (Ana Cubilla, comunicación personal, 12 de abril de 2024). Si bien, esto último no ocurre a la fecha, los recursos que permiten el funcionamiento de los ECZ no están garantizados:

La falta de recursos es nuestra mayor preocupación todos los días. […] no tenemos ningún tipo de ayuda desde nación hacia las políticas públicas […] vamos a tener que organizar actividades de ventas y ponernos a trabajar como hicimos siempre. Ventas, eventos, recaudar fondos para poder solventarnos […]. (Mirta Berent, entrevista personal, 26 de septiembre de 2024)

  1. Conclusiones

Argentina cuenta con un marco legal que prohíbe el trabajo infantil, penaliza la explotación laboral infantil y establece la creación de espacios de cuidado para hijos e hijas de trabajadores rurales. Los estudios académicos sobre la yerba mate se ocuparon de aspectos importantes de la producción, como el trabajo infantil; no obstante, no se han abordado en profundidad el impacto de las políticas estatales que buscan erradicarlo. En consecuencia, hay un vacío de conocimiento en el estudio de las formas de intervención llevadas adelante por el Estado, y este artículo ha abordado una de ellas: los ECZ.

Este artículo abordó la implementación de los ECZ en Misiones, principal provincia productora de yerba mate en toda Argentina, por lo que este producto agrícola es un articulador de la economía y la sociedad. Para las personas que trabajan en los ECZ, estos espacios son una alternativa real frente a la constante histórica que marcó también sus infancias y adolescencias: trabajar en la tarefa desde pequeños, aportar a la subsistencia familiar, dejar la escuela y no poder desarrollar y construir un proyecto de vida propio distinto al de trabajar en la cosecha de yerba mate. Una fortaleza de los ECZ estudiados —el de Andresito y Wanda— es que se sitúan en lugares estratégicos de sus respectivas localidades, donde hay una intensa producción de yerba mate que permite el acceso de los hijos de los trabajadores rurales y, en el caso de Wanda, de trabajadores mineros.

Sin embargo, la implementación de los ECZ no ocurre en el mejor de los escenarios. Es una política parcial, que no erradica el problema de fondo y no satisface el objetivo para el cual fueron creados. La labor en los ECZ es compleja y presenta signos de precariedad laboral: trabajadores que no se encuentran registrados laboralmente, falta de capacitación laboral, escasez de profesionales en educación y salud integral que atiendan los derechos de los menores, infraestructura insuficiente, entre otros. A esto se suma la falta de recursos económicos debido al desfinanciamiento del Estado nacional actual para mantener las políticas sociales, en especial, de la niñez y adolescencia. Es decir, la política pública de los ECZ no logra sostenerse.

Una conclusión provisoria es que los ECZ son una oportunidad en la lucha por erradicar el trabajo infantil en actividades que demandan mano de obra intensiva de forma estacional. Sin embargo, las condiciones de precariedad de quienes trabajan allí imponen límites a esta iniciativa. Contraria a las disposiciones del gobierno nacional actual, los ECZ requieren de mayor inversión estatal que permita fortalecer su tarea y ampliar su capacidad, tanto en las localidades estudiadas como en aquellas en las que residen grandes contingentes de tareferos, como, por ejemplo, Oberá y Jardín América. Debido a que la precariedad laboral también resulta ser una característica histórica e intergeneracional de la producción de yerba mate, y que estas condiciones son estructurales, es necesario trabajar en la supresión de la informalidad, el pago a destajo y los acampes precarios en los yerbales.

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  1. 1 Este artículo no sería posible sin la beca doctoral brindada por el Conicet. Agradezco también a las Dras. Ianina Harari y Cecilia Gallero por su acompañamiento y dirección. A Ana y a las personas trabajadoras de Zamba por su colaboración.

  2. 2 En Argentina, la edad mínima de admisión al empleo es de 16 años. El trabajo de personas menores de esa edad se encuentra prohibido por las leyes N.° 26 390/2008 y N.° 26 727/2011. La explotación económica infantil constituye un delito penal con penas de 1 a 4 años de prisión (Ley N.° 26 847/2013).

  3. 3 Las investigaciones académicas sobre la yerba mate provienen de distintas disciplinas. En el marco de las ciencias sociales, es posible identificar algunos ámbitos de interés: los productores yerbateros y el cooperativismo (Rodríguez, 2018), la historia ambiental (Gallero, 2019), el mercado de trabajo (Rau, 2005), las condiciones de vida, educación, salud y trabajo de los tareferos (Gortari, 2017), el impacto de las políticas sociales, en particular la Asignación Universal por Hijo, entre las cosecheras de yerba mate (Traglia, 2016; Albertí y Mingo, 2019) y el Instituto Nacional de la Yerba Mate (Gortari y Sena, 2016).

  4. 4 Sindicato de Misiones, que tiene pocos años de existencia. Fue creado por iniciativa de Ana Cubilla, quien en 2012 formó parte del agrupamiento político ‘La Martín Fierro’ y comenzó a construir el gremio. En 2015 obtuvo la personería gremial. Hoy integra la Federación de Trabajadores Agrarios de la República Argentina y aún no tiene representantes en el Instituto Nacional de la Yerba Mate (Ana Cubilla, comunicación personal, mayo de 2017).

  5. 5 Expresión nativa que significa llevar adelante una unión de convivencia con una pareja. También puede emplearse el término de ‘acompañarse’ para referirse a este tipo de unión.

  6. 6 El empleo registrado es una relación laboral en la que el empleador cumple con todas las obligaciones legales respecto del empleado, entre las que se destacan: registrar al trabajador en el sistema de seguridad social, realizar los aportes patronales relativos a jubilación, obra social y cobertura de riesgos del trabajo.

  7. 7 Originalmente, el plan se denominaba “Potenciar Trabajo”, pero en junio de 2024 fue modificado y dividido en dos: “Volver al Trabajo” y “Acompañamiento Social”.

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